LA GESTA DEL EVALÚ
Libro 3
Libro 3
Libro 20x14, libro en rustica, 185 pag. Con fotografías del viaje. Editorial Montesó. Barcelona.
Año 1931
Año 1931
Dejo este hermoso libro de que cayó en mis manos por casualidad, la historia del viajes es maravillosa pero todavía más interesante es la vida de quien lo hizo, Enrique Blanco, barcelonés afincado en los años 20 como profesor de español en el estado de Iowa, EE.UU breve biografía de su gesta y su increíble vida.
LA GESTA DEL EVALÚ
Los españoles no somos conscientes de la singular belleza de nuestra historia marítima. Es verdad que, éste pais, que no presta atención a la mar para otra cosa que no sea bañarse y esquilmarla de peces, tampoco ha querido dar el lugar que se merecen los personajes que hicieron grandes gestas marineras. Quizás alguno de ustedes, pocos, seguro, conocen la aventura de Enrique Blanco, un genial hombre de mar que, en los años treinta, protagonizó una hazaña impensable para la náutica de recreo de la época. Embarcado con su mujer y su hija de tan solo cinco años en un pequeño velero de 12 metros de eslora, fueron la primera familia en la tierra que cruzó el Atlántico de oeste a este. Blanco, que primero fue marinero en diferentes buques mercantes, se convirtió después en profesor de español durante diez años en los Estados Unidos. Y esperó a reunir el suficiente dinero con el que comprar un velero que le permitiese regresar a España como capitán de su propio buque. Las travesías del Atlántico de oeste a este nunca suelen ser fáciles, y tampoco lo sería para él y su familia. Durísimos temporales en los bancos de Terranova y desesperantes nieblas le hicieron navegar a ciegas sumido en la angustia que le ocasionaba la decisión casi temeraria de haber escogido un medio de transporte tan arriesgado para regresar a España con su familia. Tardaron 45 días en llegar a las islas Azores, y veinte más para ganar Barcelona, donde fue recibido como un héroe. La durísima travesía, las promesas incumplidas y la complicada publicación de un libro titulado, La Odisea del Evalú, - Monteso, Barcelona, 1931- que así se llamaba su barco, provocaron que Mari Doonez, su mujer norteamericana, tuviese que ser internada en un psiquiátrico. El dinero del libro alcanzó para poco, mientras Enrique trató de encontrar un trabajo en su tierra natal, que tanto le había prometido tras su gesta. Como no lo logró, decidió regresar a la mar, a su barco, para volver a los Estados Unidos, donde aún conservaba su trabajo de profesor de español. Solo con su hija Eva, navegó hasta Canarias y el Caribe. Sin embargo, en lugar de regresar a la universidad de Wisconsin, decidió continuar navegando por el canal de Panamá rumbo a los mares del Sur. Durante veinte años no se volvió a saber de los Blanco, hasta que el escultor catalán Serra Güell lo descubrió en la Polinesia Francesa convertido en guía turístico por mar y profesor de español. Enrique, todavía dolido con su patria, le mostró Tahiti, de la que había hecho su patria de adopción. También le contó cómo en la Segunda Guerra Mundial ayudó a los franceses transportando alimentos en su velero como miembro de la resistencia isleña. En 1968 un periodista de la Vanguardia descubrió a su hija Evalú en Nueva York, convertida en señora de Nerft. Sin él saberlo, estaba entrevistando a la mujer que, de niña, había sido la primera del mundo en atravesar el Atlántico en un diminuto barquito de vela. Ella le contó que su padre se encontraba bien en Papeete, y que su madre, una vez recuperada de la grave depresión en la que cayó por el viaje, fue repatriada a los Estados Unidos por su familia. Que sus padres vivían separados, pero que siempre les agradecería cómo le habían ido descubriendo el mundo de forma tan intensa. Y como, tras estudiar en Nueva Caledonia, a los 18 años regresó a los Estados Unidos con su familia materna. La vida de este pionero que, en aquellos años de escasez de casi todo, tuvo el coraje de emprender un travesía de tal dimensión, incluso hoy parece extraída de una obra de ficción. Las gentes de la mar de España le debemos un lugar a este catalán universal, a este quijote de los mares, que al igual que nos sucede a cuantos amamos una vida distinta a la que pretenden marcarnos las normas establecidas, siempre llevó a la ingrata Patria en su corazón, para que le sirviese de estímulo en las horas bajas, que, inevitablemente, también llegan a los hombres de mar: quijotes de agua que, en lugar de montar a lomos de un viejo corcel, lo hacemos sobre los blancos lomos de las olas. La tumba de Enrique Blanco está ubicada en una preciosa esquina repleta de flores tropicales del cementerio municipal de Papeete, en la Polinesia francesa. Con la madera de su barco, los nativos hicieron una cabaña, que luce en su puerta el nombre de Evalu.



Se murio 30 julio 1964 en papeete (Tahti).
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